Cochinete, cochinete
Madrid, 5 de Noviembre de 2009
Mi querido cochinete,
He de admitir que después de haber pasado más de una semana desde que trabamos conocimiento mutuo no he podido olvidarme de tí ni un día. Ni de tí, ni de tu tacto, ni de tu aroma… Mi querido cochinete, me has embelesado.
Y aún así, ahora, cochinete de mis amores, te has olvidado de mí después de tus actuaciones estelares en televisión.
Nos conocimos, por si eres incapaz de acordarte, en un local con mucho encanto llamado el Pedrusco Alealcorvo… Con sus paredes de piedra, sus escaleras de madera, sus dos Don Quijotes mirando nuestro idilio sorprendidos desde una pared…
Cual fue mi sorpresa, cochinete de mis pensamientos, cuando mis ojos se encontraron contigo entre tanto personal, que sorpresa más increible. Allí estabas tú, desnudo entre lechugas, recibiendonos a todos. Me embelese de tu hermosa piel contrastada con el verde de las lechugas que te rodeaban.
Pero, ¡cuál fue mi decepción! ¡Tú que ocupabas mis pensamientos! ¡Tú que te habías hecho dueño y señor de mi ser! ¡Tú! ¡Tú! ¡Tú! ¡¡Tú me engañastes!! Y me tuve que enterar delante de 40 compañero bloggeros cuando Cucharete lo pregonó en voz en grito… ¡Tú! ¡Tú no eras cochino, eras cochina!
Ahogué mis penas en exquisito vino tinto e intenté consolarme entre tantos amigos. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué tú? Entre tantos bloggeros, de los que solamente seis eramos bloggeras tú tenías que ser una hembra.
Intentando cambiar mi ansiedad ingerí un salmorejo de presentación exquisita y suave sabor, y después saboreando el fruto de tus jamones me dí cuenta de que te seguía deseando, por tu sabor, por tu textura… Y entonces, mientras saboreaba el sabor dulce de esa ensalada de pimientos con atún y anchoas decidí encontrarme contigo mientras te acicalabas en el horno.
Baje seguida por una muchedumbre masculina, y allí estabas tú, coqueta, en el horno acicalándote. Permitiendo que tu piel se doraba, embriagándonos con tu aroma… Cuando llegastes a la mesa, nos permitistes que te degustaramos y contemplaramos uno a uno… Y yo, mi querida cochina, la gula y la lujuria se apoderaron de mí y yo no pude dejarte hasta que te dejé en los huesos… Embriagada que iba ya por los alcoholes de nuestra segunda (o puede que tercera) botella de vino.
Al poco, todavía sin ser consciente de lo que había hecho, nos sirvieron unos estupendos flanes de queso únicos, pues cada flan era distinto en presentación y en tamaño. Con la posibilidad de repetir después, cuando nos sirvieron los cafés y los 200 euros de conguitos al por mayor.
A la mañana siguiente, cochina deliciosa, me dí cuenta del peso de mis actos y de lo que había cometido contra tí. Y por eso, mi querida cochinilla, ahora solo me quedan tus fotos.















November 5th, 2009 at 12:25
Información Bitacoras.com…
Valora en Bitacoras.com: Madrid, 5 de Noviembre de 2009 Mi querido cochinete, He de admitir que después de haber pasado más de una semana desde que trabamos conocimiento mutuo no he podido olvidarme de tí ni un día. Ni de tí, ni de tu tacto, ni de tu…..
November 10th, 2009 at 10:18
pardiez, había olvidado los conguitos!!
saludos ilicitanos