30 Mar
2009
Gotas con recuerdos
El sábado por la tarde llovió, el domingo siguió lloviendo y esta mañana todavía caía agua del cielo. Todavía con esas legañas invisibles que nos quedan cuando estamos cansados y encima el día no acompaña, en ese estado entre medio-zombies o zombies enteros deambulando por la casa con un zapato puesto y la zapatilla en el pie contrario y la tostada cogida entre los dientes, me he dirigido hacia el armario-zapatero a buscar unas botas altas porque si hay algo desagradable en este munco es calarte los calcetines con el agua de los charcos, cuando despertandome de mi ensoñamiento, me ha caído una bota de agua sobre la cabeza.
Después de mentar a mi madre y a toda mi familia difunta, acordarme de Dios y de todos los santos, me he dado cuenta de que la bota verde oscura, de una talla 34, era mi bota de agua cuando era pequeña (sencillamente porque las de mi hermano siempre eran de un llamativo color rojo). En un momento me he acordado, que hace menos de diez año lo que más me gustaba los días de lluvia era pisar aquellas baldosas sueltas que estaban rellenas de aguaque al pisarlas salpicabas al amigo y a tí mismo, que los paraguas plegables eran improvisadas pistolas para jugar en el patio del recreo y que este patio era una improvisada piscina que nos hacía dejar el patio de los pequeños y pasar al de los mayores durante unos cuantos días, hasta que el sol secará la enorme charca en que se convertía y sobre la que sobresalían los columpios y la cúpula del tubo de colores, también recuerdo que lo divertido era usar los paraguas largos y con puntera como estoques.
¡Qué divertida era la lluvia!








