24 Dec
2010
Una película homérica
Me gusta mucho ver actuar al Duque, y con el Duque no me refiero a Miguel Ángel Silvestre, me refiero a aquel que Loquillo homenajea en su inolvidable Feo, Fuerte y Formal (aunque yo nunca le ví feo), John Wayne.
Hay muchas veces que he entrado en discusiones sobre que Wayne no sabía actuar más que como cowboy, aunque es cierto que se convirtió por sus papeles de vaquero en un símbolo del perfecto norteamericano, y he tenido que alegar con películas como La Taberna del Irlandés, Boinas Verdes, ¡Hatari! o mi favorita de todos los tiempos y de la que os quiero hablar hoy Un Hombre Tranquilo.
La trma va de que Sean Thornton (John Wayne) regresa a su pueblo natal en Irlanda desde Norteamérica. La idea que lleva en mente es la de encontrar un lugar tranquilo donde vivir, por ello decide comprar la casa donde nació. Lo que él no sabe es que con esa decisión empezarán ya los problemas con Will “Red” Danaher (Victor McLaglen), una especie de cacique camorrista, que considera la compra de terreno por parte de Thornton como una grave ofensa.
Para facilitar aún más las cosas, Thornton se enamora a primera vista (nada más llegar al pueblo) de Mary Kate (Maureen O’Hara), una hermosa pero pobre muchacha muy fiel a las tradiciones irlandesas. Y, ¿adivináis qué? Además resulta ser la hermana de “Red” Danaher. Para mejorar el asunto, Thornton esconde un pasado en América que no quiere que nadie descubra.
Estas dos situaciones (el intento de entablar una relación entre Mary Kate y Thornton, con Danaher poniendo todos los inconvenientes posibles; y los intentos de Thornton para que su pasado no salga a la luz) son la trama principal de esta gran película.
No podemos olvidar a Michaeleen Flynn y la parece de sacerdotes que pululan alrededor de la pareja (recordemos que Irlanda tiene dos religiones oficiales: la católica y la protestante), y que intentan conseguir por todos los métodos que la pareja pueda hacer las cosas como es debido. Hay dos inconvenientes principales para que su relación prospere: el primero, sobradamente adivinable es el hermano, el segundo, algo más complicado y sin duda, mucho más cómico, es que Thornton desconoce las reglas del flirteo en Irlanda (y por ello, los espectadores más jóvenes pueden sentirse más identificados con Thornton).
Una vez conseguido el casamiento (mediante un gran engaño propiciado entre el reverendo, el sacerdote y Michaeleen), Red Danaher monta en colera al descubrir que le han engañado. Negándose a darle la dote a Mary Kate, por lo que ésta también monta en cólera y decide no cumplir con sus deberes maritales… Como bien le comenta a Thornton:
Seré tu exclava, pero no podrás tener ni mi cuerpo ni mi alma.
Thornton se encuentra confuso, ya que el ama a Mary Kate, y no le importa ni el dinero ni la dote. La situación se irá tensando, hasta que una mañana, al levantarse, descubre que Mary Kate se ha marchado y ha cogido un tren hacia Dublín porque, según Michaeleen
Le amo tanto, que no puedo estar con un hombre del que me averguenzo.
Al final, Thornton sin encontrar otra salida, debe elegir entre seguir huyendo o enfrentarse a su pasado.


















